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Reflexión para honrar hoy a tu Madre


A menudo llegamos a un punto de la vida donde volteamos y nos damos cuenta de que hemos estado minorizando la importancia y esfuerzos de la mujer que nos ha dado la vida, y hoy presentamos una pequeña pero muy impactante reflexión para concientizar y valorar mejor a ese ser especial que nos ha dado la vida y todo lo que somos, y que llamamos MAMÁ.


  • Cuando tenías 2 años... 

Ella te enseñó a caminar.
Tú se lo agradeciste huyendo de Ella cuando te llamaba.


  • Cuando tenías 3 años... 

Ella te hacía todas las comidas con amor.
Tú se lo agradeciste tirando el plato al piso.


  • Cuando tenías 4 años... 

Ella te dio unos lápices de colores.
Tú se lo agradeciste pintando todas las paredes del comedor.


  • Cuando tenías 5 años... 

Ella te vestía para las ocasiones especiales.
Tú se lo Agradeciste tirándote enlodandote a más no poder.


  • Cuando tenías 6 años... 

Ella te llevaba a la escuela.
Tú se lo agradeciste gritándole: ¡NO VOY A IR!


  • Cuando tenías 7 años... 

Ella te regaló una pelota.
Tú se lo agradeciste arrojándola contra la ventana del vecino.


  • Cuando tenías 8 años... 

Ella te trajo un helado.
Tú se lo agradeciste derramándoselo sobre su falda.


  • Cuando tenías 9 años... 

Ella té pago unas clases de piano.
Tú se lo agradeciste nunca practicando.


  • Cuando tenías 10 años... 

Ella te llevaba con el auto a todas partes de Gimnasio al partido de fútbol, de fiestas de cumpleaños, a otras fiestas.
Tú se lo agradeciste cuando salías del coche y nunca mirabas atrás.


  • Cuando tenías 11 años... 

Ella te llevó a ti y a tus amigos a ver una película.
Tú se lo agradeciste diciéndole que se sentara en otra fila.


  • Cuando tenías 12 años... 

Ella te aconsejó que no miraras ciertos programas.
Tú se lo agradeciste esperando que ella se fuera de la casa.


  • Cuando tenías 13 años... 

Ella te sugirió un corte de pelo que estaba de moda.
Tú se lo agradeciste diciéndole que Ella no tenia gusto.


  • Cuando tenías 14... 

Ella té pagó un mes de vacaciones en el campamento de verano.
Tú se lo agradeciste olvidándote de escribirle una carta.


  • Cuando tenías 15... 

Ella venía de trabajar y quería darte un abrazo.
Tú se lo agradeciste cerrando con llave la puerta de tu habitación.


  • Cuando tenías 16... 

Ella te enseñó cómo manejar su coche.
Tú se lo agradeciste usándoselo todas las veces que podías.


  • Cuando tenías 17 años... 

Ella esperaba una llamada importante.
Tú se lo agradeciste, hablando por teléfono toda la noche.


  • Cuando tenías 18... 

Ella lloró en la fiesta de tu graduación de la escuela.
Tú se lo agradeciste estando de fiestas hasta el amanecer.


  • Cuando tenías 19 años... 

Ella té pagó la cuota de la universidad, te llevó en coche hasta el campus y cargó tus maletas.
Tú se lo agradeciste diciéndole adiós desde fuera del dormitorio, así no te sentirías avergonzado ante tus amigos.


  • Cuando tenías 20 años... 

Ella te preguntó si estabas saliendo con alguien.
Tú se lo agradeciste diciéndole: 'A Ti no te importa eso'


  • Cuando tenías 21 años... 

Ella te sugirió algunas carreras para tu futuro..
Tú se lo agradeciste diciéndole: 'No quiero ser como Tú.'


  • Cuando tenías 22... 

Ella te abrazó en la fiesta de graduación de la Universidad.
Tú se lo agradeciste diciéndole si te podía pagar un viaje a Europa.


  • Cuando tenías 23... 

Ella te dio algunos muebles para tu primer departamento.
Tú se lo agradeciste diciéndoles a tus amigos que los muebles eran feos.


  • Cuando tenías 24... 

Ella conoció a tu futura esposa y le preguntó sus planes para el futuro.
Tú se lo agradeciste con una mirada feroz y le gritaste '¡Cállate!'.


  • Cuando tenías 27... 

Ella te ayudó a pagar los gastos de tu boda y llorando te dijo que te amaba muchísimo.
Tú se lo agradeciste mudándote por la mitad de el país.


  • Cuando tenías 30... 

Ella te dio algunos consejos para cuidar al bebé.
Tú se lo agradeciste, diciéndole que las cosas son diferentes ahora.


  • Cuando tenías 40... 

Ella te llamó para recordarte el cumpleaños de tu Papá.
Tú se lo agradeciste diciéndole que estabas muy ocupado.


  • Cuando tenías 50... 

Ella se enfermó y necesitó que la cuidaras.
Tú se lo agradeciste leyendo sobre la carga que representan los padres hacia los hijos.
De repente, un día.............,

Ella silenciosamente MURIOOOO......!!!!. Y todas las cosas que nunca hiciste cayeron como un trueno.
Tomémonos un momento para rendir honor y tributo a la persona que llamamos MAMÁ, aunque algunos no la pueden llamar así de ese modo abiertamente.
No hay sustituto para Ella. Alegra cada momento. Aunque a veces, Ella no parezca la mejor de las amigas, quizás no concuerde con tu forma de pensar, pero aún así?
¡Es tú Madre!
Ella estará allí para ayudarte con tus dolores, tus penas, tus frustraciones.
Pregúntate a ti mismo:
¿Has LIMITADO tu tiempo para estar con Ella, para escuchar sus quejas sobre el trabajo en la cocina, su cansancio?, Sé prudente, generoso y muéstrale el debido respeto, aunque tú pienses diferente de Ella.
Una vez que se vaya de este mundo, solamente los recuerdos cariñosos del Ser Que Llamamos Mamá, Solo Eso Nos Queda

QUE VIVAN NUESTRAS MADRES
FELIZ DÍA PARA TODAS

Oración para mi Madre querida. GRACIAS DIOS.

Hoy en ésta fecha especial para el ser más especial e importante en el mundo, traemos una pequeña oración para que de la mano con los demás miembros familiares podamos hacer una pequeña oración para nuestra querida Madre.
Gracias Dios mío por la hermosa Madre 
que me has bendecido, 
ha sido luz pura y blanca en mi camino 
y me ha ayudado con todo su amor incondicional. 
Señor, te pido que bendigas a mi querida madre,
que le des salud para que siga con toda vitalidad realizando sus labores,
que cada uno de sus órganos funcionen con total normalidad, 
renúevala, dale nuevo ánimo y alegría. 
 Bendice a mi madre con palabras sabias, 
con aliento de vida y paz, bendice la obra de sus manos, 
y pon una sonrisa en sus labios que 
contagie también a otros con su gozo. 
 Bendice a mi madre con tus Palabras de luz, 
que tus promesas llenen su corazón 
y le den esperanza y confianza. 
 Gracias por haberla escogido como mi madre, 
cuídala y protégela Señor, 
te lo pido con el corazón en las manos. 

Amén.

Qué nos dicen las madres?



Qué nos dicen las mamás?


Frases comúnmente usadas por nuestras madres a lo largo de nuestras vidas...
Que yo sepa, no soy tu empleada
No y punto
Algún día vas a ser madre
Cuento hasta 3
Cuántas veces te lo tengo que repetir?
Me avisas cuando llegues
Abrígate que hace frío
Estás aburrido?, ordena tu habitación!
Que no vaya y lo encuentre yo
Pregúntale a tu Padre
Algún día me lo vas a agradecer

Tienes alguna otra frase que tu Madre usaba contigo?, comenta.

ANTES DE SER MAMÁ...



ANTES DE SER MAMÁ...
Yo comía mi comida caliente,

mi ropa lucía planchada y limpia todo el día,
podía sostener largas y tranquilas conversaciones telefónicas.
ANTES DE SER MAMÁ...
Me dormía tarde, tan tarde como quería,
y jamás me preocupaban las develadas,
cepillaba y cuidaba mi pelo, lucía uñas largas y hermosas,
mi casa estaba limpia y en orden,
no tenía que brincar juguetes olvidados por todos lados.
ANTES DE SER MAMÁ...
No tenía que limpiar comida del piso,
ni lavar las huellas de pequeños deditos
marcadas en los vidrios.
Tenía control absoluto de mi mente, mis pensamientos,
mi cuerpo y mi aspecto físico,
dormía toda la noche y los fines de semana me relajaba.
ANTES DE SER MAMÁ...
No me entristecían los gritos de los niños en la consulta médica,
no tuve jamás que detener con lágrimas en mis ojos
una piernita que sería inyectada.
ANTES DE SER MAMÁ...
No conocí la felicidad total con sólo recibir una mirada,
no pasaba horas mirando la inocencia dormir en la cuna.
ANTES DE SER MAMÁ...
Nunca sentí que mi corazón se rompía en un millón de pedazos
al no poder calmar el dolor de un niño,
nunca supe que algo tan pequeño
podía afectar tanto mi mundo.
Nunca supe que podía amar de ese modo,
nunca supe que amaría como una MADRE.
ANTES DE SER MAMÁ...
Yo no conocía el sentimiento que provoca
tener mi corazón fuera de mi cuerpo.
No sabía que tan especial me sentía al alimentar un bebé hambriento.
No sabía de esa cercanía inmensa entre una madre y su hijo.
ANTES DE SER MAMÁ...
No imaginaba tanta calidez, tanta dulzura, tanto amor.

HOY NO IMAGINO MI VIDA SIN ESA PEQUEÑA SONRISA PÍCARA Y TRAVIESA, SIN ESA HUELLA DE CHOCOLATE EN LA PARED, SIN ESA PUREZA, SIN ESCUCHAR DE ESA DULCE VOZ UNA PALABRA TAN CORTA Y SIGNIFICATIVA A LA VEZ: "MAMÁ".



Para ti...Hija mía




Hija mía, quisiera estar segur@ de haberte enseñado…
a disfrutar del amor,
a confiar en tu fuerza,
a enfrentar tus miedos,
a entusiasmarte con la vida,
a que pidas ayuda cuando la necesites,
a tomar tus propias decisiones,
a ser una buena amiga de ti misma.
Quisiera estar seguro de que aprendiste…
a decir o callar según tu conveniencia,
a quedarte con el crédito de tus logros,
a no estar pendiente de la aprobación de los demás,
a no absorber las responsabilidades de otros,
a ser consciente de tus sentimientos y a actuar en consecuencia.
Quisiera estar segur@, hija mía, que aprendiste…
a poner límites,
a sostenerlos,
a tomar más riesgos,
a aceptar los cambios,
a realizar tus creencias,
a ser capaz de llenar primero tu copa y luego la de los demás,
a planear tu futuro pero no vivir en él.
Me gustaría, hija mía, que hayas aprendido…
a valorar tu intuición,
a tomar tus propias decisiones,
a hacer de la comprensión y el perdón, tus prioridades,
a aceptarte como eres,
a disfrutar la diferencia entre los sexos,
a aprender de los encuentros y de los fracasos.
Me gustaría, hija mía, que te permitas reír a carcajadas por la calle, sin ninguna razón.
Pero, sobre todo, quisiera que hayas aprendido…
a no idolatrar a nadie,
y a tus padres, menos que a nadie.

El sacrificio de una madre



Estaba sola, a sus tiernos 17 años ya era madre de un niño pequeño y llevaba otro en el vientre. Perdió a su madre, ella no sabía oficio alguno, y ¿quién la iba a emplear con un niño pequeño y otro en el vientre? Qué difícil es conseguir el pan cuando se es joven y desamparada. Su niño le pedía comida y ella se desgarraba en su dolor.
Aquella tarde con su gran barriga fue a la iglesia, la enorme panza le hizo difícil hincarse pero una vez de rodillas, lloró con profunda tristeza, luego miró el cristo crucificado y le dijo (pensando en el hambre de su niño, y en su propia hambre):
- Padre, yo no quisiera, pero en cuanto este niño nazca ya decidí lo que haré, mientras tanto pediré limosna si es necesario.
Y en verdad, hubo días que no tuvo que hacer, otros en cambio lavaba ropa ajena, limpiaba los vidrios de los carros, cualquier cosa y cuando su niña nació, una esquina oscura fue el testigo fiel de una más que se dedicó al más antiguo de los oficios. Al principio fue difícil, pero sus hijos necesitaban muchas cosas. Y así, con mucha humildad pero mucho amor, les dio siempre lo necesario, aún a costa de su propio sacrificio.
Los años pasaron y cuando sus hijos crecieron, ella orgullosa de verlos ya casi profesionales, pensó en que había llegado el tiempo de descansar. Aún era joven, pero la vida que llevaba la había envejecido, y estaba enferma de tanto sufrir. Pero un día, una mala lengua, de esas que no sienten vergüenza de clavar en los demás el dolor de sus puñales malintencionados, le contó un día a la joven el pasado de su madre. Esa noche, cuando volvía cansada a casa, y las gruesas gotas de una tormenta caían en los techos de las casitas del barrio, la primera mirada que encontró al entrar fue la de su hija, quien al verla le dijo:
- ¡Vete no quiero verte, hoy supe que eres una prostituta, vete porque no eres digna del amor de tus hijos, me das asco!
Ella no supo que responder, sabía que un día lo sabrían, siempre lo temió y siempre pensó que la reacción de ellos no sería agradable. Pero darles asco, eso no, esa palabra fue un puñal que certero se clavó en su alma, y corrió, corrió bajo la lluvia que parecía compartir con ella su dolor derramando en su rostro, un copioso llanto.
Cuando empezó a amanecer, ella lloraba aún sentada en la cuneta, varias cuadras lejos de su casa. De pronto, una cálida sábana le cubrió la espalda y al volver, vio al mayor de sus hijos:
- Madre, toda la noche te he buscado, ven, volvamos a casa.
- No -le dijo-, tu hermana me desprecia, no sé si tú ya lo sepas.
- ¿Saber qué? Yo sólo sé que te quiero mucho, nada que venga de ti me avergüenza. Tú no eres más que una mujer valiente que se enfrentó a la vida como pudo para dar de comer a sus hijos.
Esa mañana los hermanos pelearon como nunca, ante la angustiada mirada de su madre:
- ¡Que se vaya! ¿No ves que es una cualquiera?, ¿no te da pena su oficio? A mí me da vergüenza que mis amigos sepan lo que ella es, y ya poco me falta para ser una profesional.
- Pues vete con tus amigos que yo me quedaré a cuidarla. Yo no me he olvidado de las veces que se sacó el pan de la boca para dárnoslo y de las noches que veló junto a nuestra cama cuando estábamos enfermos. Tú y yo no tuvimos padre porque nos abandonó, pero en cambio tuvimos una madre que todo nos lo dio, ¿o es que alguna vez te faltó algo? Yo sólo sé, que lo que soy se lo debo a ella. Si tú la desprecias, pues vete que yo la amaré por los dos. Y así fue.
Los días y las noches de un largo año pasaron, y aquella muchacha que con ímpetu de conquistador salió de su casa segura de sí misma, nunca se graduó, pero en cambio encontró el amor. El amor traidor de un hombre que después de burlarse de ella aprovechándose de su inexperiencia, la abandonó, -como un día otro cobarde abandonara a su madre- dejándola con un hijo en el vientre, sola como aquella a la que tan duramente había criticado, con hambre también, y peor aún porque el remordimiento de la crueldad con su madre la atormentaba tanto, que había envejecido rápidamente. Por hambre y por remordimiento volvió al hogar.
Entró a la casa (de la que aún conservaba las llaves), su hermano sentado en el comedor la miró fijamente, pero no había en su mirada reproches sino amor.
- Vengo -le dijo-, a pedirles perdón a ti y a mi madre, a quien tanto hice sufrir.
El hermano bajó la mirada un momento, y luego le dijo:
- Sígueme.
La joven lo siguió varias calles hasta llegar a un cementerio, y ahí entre las primeras tumbas de la entrada, blanca se erguía la tumba de su madre.
- ¡¡¡Nooo!!! Gritó espantosamente, porque se le desgarró el alma, y llorando se echó sobre la tumba, besó la tierra y arañando el cemento pedía perdón. ¿Por qué?, se preguntaba, ¿por qué no pude ver a mi madrecita por última vez?, ¿por qué no pude pedirle perdón de rodillas, besar su frente, velar su cuerpo? ¿Por qué te fuiste madrecita sin yo decirte mi último adiós? Allí postrada sobre la tumba de su madre lloró el llanto más amargo de su vida.
El hermano, que a pesar del dolor conservaba la calma, le dijo:
- ¿Sabes? hasta en el último momento te llamó, aquella noche de lluvia le hizo daño, le dio pulmonía. Pero no llores, ella nos ha perdonado a los dos, yo también fui culpable por no perdonarte, no te busqué aunque ella me lo suplicó muchas veces, y la dejé consumirse de tristeza.
Pero aún en su lecho de muerte, ella te bendijo, y me pidió que si volvías te recibiera con los brazos abiertos, como ella lo hubiera hecho, y que de ahí en adelante fuéramos unidos y nos amáramos como siempre nos enseñó.
Los hermanos se retiraron lentamente, y no pudieron escuchar que en la brisa suave que acariciaba sus frentes su madre les bendijo por última vez.
La madre no es buena ni mala: es madre. No nos toca a nosotros como hijos juzgar sus actos, porque es la propia vida la que con profundas heridas nos cobra el dolor que le hayamos causado. No olvidemos que después de Dios, sólo tenemos el amor de nuestra madre.
Si aún conservas a tu madre, venérala como un ángel, y si ella te lastima perdónala, pero jamás la señales, jamás la ofendas, jamás la desprecies, ni te avergüences, porque el llanto de remordimiento que has de llorar, ese es en verdad el llanto más amargo.

LA MADRE, LA MEJOR OBRA DE DIOS

Dios que estaba ocupado en crear a las madres, llevaba ya seis días trabajando horas extraordinarias, cuando un ángel se le presentó y le dijo:“TE AFANAS DEMASIADO SEÑOR”.

El Señor repuso: pero no te das cuenta que esta criatura tiene que ser lavable de pies a cabeza, sin ser de plástico y que tiene que llevar cien piezas movibles, todas reemplazables funcionar a base de café negro y de las sobras de comida, que tiene que poseer un regazo capaz de desaparecer cuando se ponga de pie, un beso capaz de curar todo, desde una pierna rota hasta un amor frustrado y tener seis pares de manos

Y el ángel confundido observó: ¿Seis pares de manos Señor? ¡Eso no es posible! no son las manos el problema, agregó el Señor, sino los tres pares de ojos

¿Y eso es para el modelo normal? Preguntó el ángel.

Y el Señor le explicó: uno para ver a través de la puerta siempre que pregunte ¿niños, que están haciendo ahí adentro? Aunque ya lo sepa muy bien; otro detrás de la cabeza para ver lo que más le
valiera ignorar, pero que precisa saber; y desde luego los de adelante, para mirar a un niño en apuros y decirle, sin pronunciar siquiera una palabra: “te entiendo hijo y te quiero mucho”.

El ángel le tiró de la manga y advirtió mansamente: vale más que te vayas a la cama señor, mañana será otro día.

... No puedo... y además creo que me falta poco. dijo el Señor agregando:

ya hice una que se cura por si sola cuando enferma; que es capaz de alimentar a una familia con un poco de frijol y de persuadir a un niño de cuatro años que se esté quieto mientras lo baña.

Lentamente, el ángel dio la vuelta en torno a uno de los modelos maternales diciendo: me parece demasiado delicada, comentó con un suspiro.

Pero es muy resistente aseguró Dios emocionado, no tienes idea de lo que es capaz de hacer y sobrellevar.

¿Podrá pensar? preguntó el ángel.

Claro, y razonar también, respondió el Señor.

Por último el ángel se inclinó y pasó un dedo por la mejilla del modelo, diciendo: ¡tiene una fuga!
y dijo Dios: no es una fuga, es una lágrima.

¿Y... para qué sirve? Dijo el ángel.

Para expresar gozo, aflicción, desengaño, pesadumbre, soledad y orgullo.

Eres un genio Señor, comentó el ángel.

Y Dios, con un perfil de tristeza observó y dijo: “yo no se la puse.”

LA MEJOR OBRA DE DIOS


LA MADRE, LA MEJOR OBRA DE DIOS

Dios que estaba ocupado en crear a las madres, llevaba ya seis días trabajando horas extraordinarias, cuando un ángel se le presentó y le dijo:“TE AFANAS DEMASIADO SEÑOR”.

El Señor repuso: pero no te das cuenta que est
a criatura tiene que ser lavable de pies a cabeza, sin ser de plástico y que tiene que llevar cien piezas movibles, todas reemplazables funcionar a base de café negro y de las sobras de comida, que tiene que poseer un regazo capaz de desaparecer cuando se ponga de pie, un beso capaz de curar todo, desde una pierna rota hasta un amor frustrado y tener seis pares de manos

Y el ángel confundido observó: ¿Seis pares de manos Señor? ¡Eso no es posible! no son las manos el problema, agregó el Señor, sino los tres pares de ojos

¿Y eso es para el modelo normal? Preguntó el ángel.

Y el Señor le explicó: uno para ver a través de la puerta siempre que pregunte ¿niños, que están haciendo ahí adentro? Aunque ya lo sepa muy bien; otro detrás de la cabeza para ver lo que más le
valiera ignorar, pero que precisa saber; y desde luego los de adelante, para mirar a un niño en apuros y decirle, sin pronunciar siquiera una palabra: “te entiendo hijo y te quiero mucho”.

El ángel le tiró de la manga y advirtió mansamente: vale más que te vayas a la cama señor, mañana será otro día.

... No puedo... y además creo que me falta poco. dijo el Señor agregando:

ya hice una que se cura por si sola cuando enferma; que es capaz de alimentar a una familia con un poco de frijol y de persuadir a un niño de cuatro años que se esté quieto mientras lo baña.

Lentamente, el ángel dio la vuelta en torno a uno de los modelos maternales diciendo: me parece demasiado delicada, comentó con un suspiro.

Pero es muy resistente aseguró Dios emocionado, no tienes idea de lo que es capaz de hacer y sobrellevar.

¿Podrá pensar? preguntó el ángel.

Claro, y razonar también, respondió el Señor.

Por último el ángel se inclinó y pasó un dedo por la mejilla del modelo, diciendo: ¡tiene una fuga!
y dijo Dios: no es una fuga, es una lágrima.

¿Y... para qué sirve? Dijo el ángel.

Para expresar gozo, aflicción, desengaño, pesadumbre, soledad y orgullo.

Eres un genio Señor, comentó el ángel.

Y Dios, con un perfil de tristeza observó y dijo: “yo no se la puse.”